Las micro-agresiones y sexismo implícito también son violencia

Por Jimena Monjarás Guerra.

La semana pasada comenzó la campaña 16 días de activismo contra la violencia de género, que desde 2008 busca impulsar acciones para poner fin a la violencia contra las mujeres y niñas. Cada día más personas se unen a iniciativas como ésta que de forma acertada ponen el tema sobre la mesa, nos hacen conscientes de que la violencia contra las mujeres es un problema grave y que es responsabilidad de todos tomar las acciones necesarias para resolverlo. Una creciente mayoría de hombres y mujeres considera deseable la igualdad de género y acepta que para lograrla, erradicar la violencia contra las mujeres es parte fundamental. Sin embargo, incluso aquellos que estamos de acuerdo con todo esto, contribuimos–en mayor o menor medida–a que las mujeres sigan siendo menospreciadas, objetivadas y violentadas cotidianamente.

Y es que es fácil abstraer la violencia contra las mujeres del lenguaje y la vida cotidiana. Es cómodo pensar que los episodios más trágicos, como las golpizas, amenazas e incluso feminicidios, están completamente desconectados de las pequeñas micro-agresiones y del acoso callejero; del machismo implícito; de los chistes y la publicidad; de los detalles cotidianos que perpetúan el menosprecio de las mujeres como miembros activos de la vida económica, política, familiar y cultural de las sociedades.

Cuando Hillary Clinton, candidata presidencial, ex secretaria de estado y ex senadora estadounidense es identificada por los medios como “la ex primera dama,” se supedita el valor de su propia y muy exitosa carrera política a su relación sentimental con un hombre (hace unos días el New York Times publicó este excelente artículo sobre cómo las economistas más famosas no se libran de este mismo mal). Cuando una edecán es ataviada con un vestido de fiesta para un debate presidencial, se reduce a la mujer a su rol de servicio y de espectáculo visual. Cuando una de las campañas publicitarias más exitosas a nivel nacional basa su éxito en estereotipar a las mujeres para vender cerveza (sí, Tecate, te estoy hablando a ti), toda reacción de las mujeres se reduce a un derroche de hormonas, credulidad boba y sentimientos injustificados perpetuando el menosprecio de sus comentarios y opiniones. Cuando Brozo, para bien o para mal uno de los conductores de noticias más vistos en México, interactúa con su secretaria mientras ésta se sienta en sus piernas con ropa provocadora y la cara cubierta–el nombre del personaje es La Reata (¿?)–, se reduce a la mujer a un adorno y un objeto para consumo masculino, al mismo tiempo que se normaliza el acoso laboral. Cuando las películas o canciones constantemente representan situaciones en las que las mujeres “deben hacerse las difíciles”–como en la película 50 Sombras de Grey o la canción Blurred lines por mencionar solo dos ejemplos de miles–se normaliza y romantiza la violencia sexual.

Estos ejemplos, al igual que los chistes, refranes, telenovelas, anuncios y otras expresiones culturales plagadas de micro-machismos, no son cosa menor. Están lejos de ser anécdotas o incidentes aislados. Por el contrario, son parte de lo que incontables estudios, como éste, éste o este experimento de la Universidad de Harvard que se puede realizar en línea, han demostrado: el sexismo implícito existe y es un profundo reflejo de cómo observamos el mundo.

Los estereotipos de género y el sexismo implícito contribuyen a la interiorización del desprecio por la mujer, su objetivación y su exclusión de los espacios de decisión, principalmente porque normalizan relaciones desiguales entre hombres y mujeres.

Con todo esto no quiero decir que los feminicidios son necesariamente una consecuencia directa del lenguaje o las campañas publicitarias sexistas, pero sí que son parte del mismo problema. Son sin duda síntomas de una cultura que acepta como válidos, divertidos y sobre todo no castigables el desprecio y la violencia contra las mujeres; de una cultura en la que no existen incentivos reales para de hecho denunciar ni para castigar estos episodios, aun cuando las leyes y los mecanismos estén ahí.

Hace unas semanas Tania Reza, conductora de un programa de música grupera en Televisa Ciudad Juárez–sí, ese Juárez infame por sus feminicidos–fue víctima de acoso sexual por parte de su colega de trabajo al aire. Éste, como muchos otros episodios de sexismo cotidiano del que toda mujer tiene al menos una historia, pudo haber quedado en el olvido de la anécdota. Sin embargo se volvió viral, no por lo cínico del acosador, sino porque ella–reacción poco común–reclamó a su compañero y abandonó el set en protesta. La respuesta de la empresa: obligarla a aceptar su supuesta responsabilidad y despedirla.

¿Cómo esperamos que se denuncie el acoso laboral, cuando las víctimas más visibles que lo han hecho pierden su trabajo? ¿Qué incentivos hay para que las mujeres víctimas de violencia psicológica o emocional por parte de sus parejas la denuncien, si los medios normalizaron ya estas conductas? ¿Cómo esperamos que la opinión informada de las mujeres sea escuchada si constantemente se les representa con estereotipos de vulnerabilidad, sumisión, frivolidad u objetivación sexual?

Y no es que mágicamente por reconocer el sexismo implícito el problema va a desaparecer, pero ser conscientes de que nuestro entorno y la cultura en la que vivimos perpetúan estos estereotipos y micro-agresiones, ayuda sin duda a corregirlos en el momento (y no mil años después en un blog de discusión).

Es indispensable para ello que en México se creen condiciones que generen incentivos de verdad para que las mujeres denuncien, tanto social como legalmente, estos episodios. Es indispensable alzar la voz cuando las mujeres sean excluidas de foros de discusión y análisis–como ya lo hacen espacios como la cuenta de Twitter Club de Tobi en México o el blog All Men Panels en Estados Unidos. Es indispensable denunciar abiertamente el sexismo en las campañas, chistes y conductas que denigran a las mujeres. Y sobre todo, es indispensable que estas denuncias y señalamientos no se trivialicen. Porque sí importa que siga habiendo chistes misóginos que denigran a las mujeres, o que las mujeres preparadas no sean tomadas en cuenta en foros y paneles de discusión. Sí importa que las mujeres sean representadas sólo como accesorios y objetos de consumo. E importa porque este tipo de sexismo interiorizado no permitirá nunca alcanzar igualdad real ni erradicar de fondo la violencia contra las mujeres.

Implementación de políticas: ¿alcanzar la igualdad o erradicar la desigualdad?

Por Yearim Ortiz San Juan.

México es uno de los países que ha participado activamente para alcanzar la igualdad de género, esto se refleja en la adopción de la transversalización la cual busca incorporar la perspectiva de género en todos los programas políticos y sociales. Sin embargo, dicha igualdad está (muy) lejos de concretarse; los factores que no la han permitido son múltiples, aquí sólo abordaré el papel que llegan a jugar las políticas (públicas) encaminadas a alcanzar dicha igualdad.

Hablar de políticas (públicas) no es fácil, pues existen múltiples formas de implementarlas y entran en juego diversos actores e intereses como el tiempo, la ideología de los grupos de poder y el presupuesto asignado. En ocasiones, por ejemplo, se tienen que convencer a ciertos agentes para que aprueben una política y, a veces, el contexto obliga a implementarla sin consensarla. A esta complejidad muchas veces se le añade la urgencia por entregar resultados que impiden realizar un estudio a profundidad del problema que se busca resolver.[1] Entonces, dependiendo de los elementos que participen en la conformación de las políticas se tendrán resultados específicos. Sin embargo, y aunque cada política tiene su propio proceso, es posible indicar algunos problemas generales que explican la paradoja arriba señalada.

Me aventuro a decir (y parto de esta premisa) que el problema radica en que diversas políticas implementadas para lograr la igualdad de género, en vez de lograr su objetivo han contribuido a la desigualdad al reforzar los roles tradicionales sobre lo femenino y lo masculino. Pensar en políticas de género implica buscar procesos que ayuden a desmantelar las estructuras sociales que han contribuido a que la diferencia sexual se entienda como un mecanismo de poder; por ello, dichas políticas no se deben entender como políticas sólo enfocadas hacia las mujeres, sino que tienen que tener en cuenta una serie de elementos que ayuden a repensar las estructuras que actualmente impiden el acceso por igual a diversas oportunidades. La tesis que abordo es sencilla: diversas políticas (públicas) se enfocan más en generar igualdad en áreas específicas en vez de contribuir a erradicar la desigualdad estructural; si no comprendemos qué es lo que provoca la desigualdad, por más que implementemos políticas para alcanzar la igualdad, ésta no se logrará.

Lo anterior es el resultado de dejar en suspenso la equidad de género con la idea de satisfacer necesidades básicas para alcanzar la igualdad y lograrlo de manera inmediata, como es el caso de las políticas afirmativas[2]. Si pensamos que la desigualdad sólo está en el acceso inequitativo que hay entre hombres y mujeres a ciertos recurso, entonces los diseños de políticas buscarán sólo “equilibrar” las oportunidades y la mujer ingresará a estructuras que permanecen intactas.[3] Ahora bien, si realmente se asumiera una postura de género se atacaría la desigualdad estructural.

Pongamos un ejemplo controvertido: las cuotas de género. Se observa que no existen las mismas oportunidades para hombres y mujeres para acceder a cierto ámbito, entonces, se obliga a que haya un número determinado de mujeres en ese lugar. ¿Esto tiene una repercusión en la transformación de las relaciones de poder entre los géneros? Por supuesto que no. El papel de las mujeres en lo político se sigue entendiendo en términos secundarios: en un primer momento fueron postuladas sólo como suplentes; posteriormente se dio el caso de las juanitas, una vez en el curul renunciaron para dar paso a los varones, sujetos más capaces para el puesto; y finalmente, se les sigue criticando por su supuesta incapacidad para el lugar que ocupan. Uno de los mayores prejuicios a esta política, más allá de si es un atentado a la democracia, se finca en la idea de que, como su participación es una imposición, estas mujeres son sujetos poco capacitados para desarrollar dicho papel, es decir, no tienen aptitudes como sujetos políticos. En el fondo, siguen las mismas estructuras. Esto no quiere decir que la política es un fracaso; lo ideal sería que hubiera una participación política de las mujeres sin que estas medidas existieran. Hay que preguntarnos qué es lo que ha impedido que la mujer participe de lo político.

Si no se presta atención a la posición de la mujer y del hombre en las estructuras de las relaciones de poder, no se darán las condiciones para transformar la desigualdad. Muchas políticas caminan para empoderar a la mujer y han logrado que tenga un mayor ingreso al mercado de trabajo; sin embargo, pareciera que se olvidan que la esfera privada y pública están ligadas. En tanto no se sea libre en la vida privada, tampoco se será en la pública: el poder que se ejerce al interior de la vida doméstica debería ser un punto fundamental a considerar dentro de dichas políticas. Dirigirlas sólo a la incorporación de la mujer al mercado laboral no es suficiente. En cambio, si se asumiera que la desigualdad está un paso antes, en la concepción que se tiene de lo femenino y de lo masculino, podríamos entonces generar estructuras diferentes que propicien otro tipo de interacción social.

Muchas políticas buscan la igualdad desde construcciones de género inequitativas que son establecidas culturalmente. Por ejemplo, en el programa Prospera los insumos y la responsabilidad recae en la mujer, pues se asume que su papel está en el hogar y por lo tanto sabe administrarlos mejor en beneficio de su familia (algo que no es necesariamente verdadero). Esta política busca erradicar la pobreza otorgándole un papel central a la mujer, pues también pretende mejorar su condición de vida. Empero, al dejar la transversalización en suspenso la búsqueda de la igualdad se ha enfocado sólo en los ingresos y su administración, y no en la superación laboral; más bien se deberían implementar acciones que no reforzaran los estereotipos que han impedido que la mujer adquiera ingresos por sí misma, es decir se trataría de empoderarla económicamente.[4]

Al final, estas políticas tienen como resultado que la sociedad exija súper mujeres: capaces de realizar tanto la labor del mercado como la labor del hogar. Por ello, muchas deciden buscar trabajos que les permitan desarrollarse en ambos ámbitos. Por ejemplo, si se decidiera que los permisos laborales por maternidad fueran los mismos por paternidad, primero, el papel de la paternidad se inscribiría más allá de sólo el sujeto proveedor; segundo, se contratarían más mujeres pues no se pensarían como una pérdida económica por un potencial embarazo; y tercero, la mujer podría descargar parte del trabajo del hogar en su compañero, lo que la motivaría a buscar otro tipo de trabajo.

La idea de resolver rápidamente la desigualdad, ha provocado políticas denominadas “salir del paso” que sólo buscan métodos paliativos. Esto traerá consecuencias funestas. Pensemos en el programa Viajemos Seguras: es una solución muy importante sobre la violencia sexual que día a día enfrentan las mujeres. Sin embargo, refuerza la desigualdad desde la construcción cultural de los géneros: asume que la mujer es débil y vulnerable, y que el hombre es un violador en potencia que no puede frenar su libido, por ello es necesario separarlos en el transporte público.

Esto no quiere decir que las políticas afirmativas deberían de desaparecer, son necesarias porque visibilizan un problema y permiten resolverlo momentáneamente. Pero hay que pensar, también, en soluciones a mediano y largo plazo.

 

 

Bibliografía:

1.- Nayali Roldan, “El Partido Verde gastó su presupuesto de equidad de género en mandiles”, Animal Político, marzo 9, 20015. http://www.animalpolitico.com/2015/03/el-pvem-compro-mandiles-con-el-presupuesto-para-equidad-de-genero/

2.- Lauren Southern: Why I am not a feminist, video de YouTube, visto el 23 de octubre 2015. https://www.youtube.com/watch?v=vNErQFmOwq0

3.- Yearim Ortiz San Juan, La victimización de la mujer en la ciudad de México. El transporte público como espacio de su visiblización, tesis para obtener el grado de maestría, México, D. F., 2013.

4.- Ana María Tepichin Valle, “Política pública, mujeres y género” en Relaciones de Genero, tomo VIII de Los grandes problemas de México, México, ColMex, 2010.

 

[1] Quiero recordar la construcción del distrito de riego 19 que tenía como objetivo beneficiar a algunos municipios de los distritos de Tehuantepec y Juchitán. A pesar de que se pretendía que existiera un derrame económico importante con la agricultura comercial, no se tomaron en cuenta la fuerza del viento que azota la región (lo que impide que existan ciertos cultivos) ni la salinidad de la tierra.

[2] Estas políticas son medidas implementadas, supuestamente de manera temporal, a fin de garantizar la igualdad de oportunidades o compensar los “daños” resultados de la desigualdad (o discriminación) histórica. En realidad, el término hace referencia a políticas de “discriminación positiva”.

[3] Ana María Tepichin Valle, “Política pública, mujeres y género” en Relaciones de Genero, tomo VIII de Los grandes problemas de México, México, ColMex, 2010.

Este “drama” fue señalado en un primer momento por las feministas de la segunda ola, quienes advirtieron que para alcanzar la igualdad no era suficiente con tener acceso a la esfera pública (pensada mucho en la ida del voto y la ciudadanía como consecuencia), pues este espacio había sido construido desde paradigmas patriarcales.

[4] Esta política ha sido muy estudiada y debatida. En los argumentos se muestra la complejidad que ya mencioné sobre la hechura de políticas. En algunas regiones, el programa ha logrado cierto empoderamiento de las mujeres (sobre todo en la sensación de autonomía al desplazarse libremente, salir del hogar y reunirse con otras mujeres); en otras, incluso se ha visto que la violencia hacia las mujeres ha aumentado y ha traído problemas importantes en el tema de las masculinidades.

Además, si refuerzas el papel de la mujer en el hogar, evidentemente ésta no saldrá a buscar una participación de lo político.

Poner fin a la violencia contra la mujer

Este 25 de Noviembre se celebra el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La ONU estableció este día para conmemorar a las tres hermanas Mirabal, activistas políticas, que fueron asesinadas en República Dominicana el 25 de Noviembre de 1960. Este año en particular, ONU Mujeres lanzó la campaña #DíaNaranja para eliminar la violencia de género. Esta campaña propone 16 días de activsmo para sensibilizar e informar sobre las causas y consecuencias de la violencia contra mujeres y niñas, y las formas en las que ésta puede ser eliminada.

El CEDH Mx se une a la campaña del #DíaNaranja compartiendo una colección de documentos de investigación e información sobre violencia contra la mujer, así como recursos que tienen como objetivo crear conciencia sobre el tema.

 

Legislación

Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer.
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Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer de las Naciones Unidas.
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Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida libre de Violencia (México).
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Leyes Estatales para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (México).
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Reportes especiales

Informe “Acceso a la información, violencia contra las mujeres y la administración de justicia en las Américas” por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
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Informe “Estándares jurídicos vinculados a la igualdad de género y a los derechos de las mujeres en el sistema interamericano de derechos humanos: desarrollo y aplicación” por la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
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Informe “Panorama de violencia contra las mujeres en México” por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (México).
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Informe “Estadísticas de violencia contra las mujeres en México ” por el Instituto Nacional de las Mujeres (México).
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Informe “Violencia de género en el transporte público” por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
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Informe “Políticas públicas para la igualdad de género: un aporte a la autonomía de las mujeres” por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).
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Trabajos académicos

Libro Aplicación práctica de los modelos de prevención, atención y sanción de la violencia de género contra las mujeres por R.M. Álvarez González,  y A.E. Pérez Duarte y Noroña.
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Tesis “La victimización de la mujer en la Ciudad de México: el transporte público como espacio de su visibilización” por Yearim A. Ortiz San Juan.
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Artículo “La violencia contra la mujer: un acercamiento al problema” por M. M. Pérez Contreras, en el Boletín Mexicano de Derecho Comparado Num 103.
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Reconocer la desigualdad es el primer paso para corregirla

Por Jimena Monjarás.

“No necesito al feminismo porque no creo que ser mujer sea una desventaja”, dice el cartel que sostiene una joven en sólo uno de los miles de posts subidos al blog Women against feminism. El objetivo de este blog es demostrarle a las feministas–como la que aquí escribe–que hoy en día la lucha por los derechos de las mujeres es una necedad, pues en este mundo moderno ya no existen represión ni desigualdad. Que las feministas son misántropas enojadas con la vida que pretenden victimizar a la mujer cuando la realidad es que ya se ha conquistado suficiente.

Si bien es cierto que la presunción en la mayoría de los países desarrollados es que hombres y mujeres tienen los mismos derechos fundamentales, la realidad es que, aún en estos países, existen muchas barreras, tanto estructurales como culturales, que limitan la plena participación de las mujeres en todo tipo de actividades. Es decir, ser mujer hoy sí representa ciertas desventajas. Por supuesto que se ha avanzado, pero estamos lejos, muy lejos de hablar de plenitud de derechos e igualdad.

De acuerdo con el estudio Women, Business and the Law 2016 publicado por el Banco Mundial, únicamente en 18 de 173 países analizados no hay diferencias legales entre hombres y mujeres en cuanto a las actividades económicas, políticas y sociales que cada quien puede desempeñar (Francia, Alemania y Estados Unidos, por ejemplo, no forman parte de estos 18 países). Peor aún, hay 32 países en los que por ley una mujer casada no puede tramitar un pasaporte, entre ellos Belice; 30 países en los que no existe la figura de jefa de familia, entre ellos Chile; 22 países en los que las mujeres no pueden conferir ciudadanía a sus hijos, entre ellos las Bahamas; 18 países en los que las mujeres casadas no pueden obtener un trabajo sin permiso de sus esposos, entre ellos Bolivia.

Llama la atención el caso de Latinoamérica, y en particular de México, pues de acuerdo con este estudio, Latinoamérica es una de las regiones en las que existen más leyes que protegen la vida de las mujeres y que menos limitan su participación. México es una de las únicas 18 economías a nivel mundial en las que, por ley, las mujeres pueden participar tan activamente en la vida económica del país como los hombres. Existen leyes que protegen a las mujeres de la violencia doméstica y hay programas especiales para mejorar sus condiciones de salud; se incentiva su participación en la vida política y se busca elevar su nivel educativo. Sin embargo, la realidad dista mucho de la igualdad descrita en el papel.

Si México es perfecto en la teoría y las mujeres no tienen barreras legales para participar en la vida económica, ¿por qué en la lista de los 100 Empresarios más importantes de México que publica la revista CNN Expansión sólo hay dos mujeres? Si uno de los temas prioritarios para el gobierno federal es, según sus funcionarios, el empoderamiento de las mujeres y la equidad de género, ¿por qué en el gabinete sólo hay cuatro mujeres y sólo un estado tiene por gobernadora a una mujer? Si la ley garantiza protección contra la violencia doméstica, ¿por qué el 66% de las mujeres reporta haber sufrido violencia psicológica, económica, sexual y/o física por parte de sus parejas?

Es cierto que parte de la explicación es la impunidad reinante en el país (es decir, no son sólo estas leyes las que no se cumplen). Pero también –y me atrevería a afirmar que en mayor grado– la enorme brecha entre hombres y mujeres en México es reflejo de una cultura que asume que los derechos, capacidades y potencialidades de las mujeres son distintas a las de los hombres.

Los estereotipos sobre las actividades que le corresponden a cada uno generan patrones sociales que perpetúan modelos de coacción y violencia de distintos tipos contra las mujeres, violencia que va desde las micro-agresiones hasta los feminicidios. Son desigualdades arraigadas en la manera en la que pensamos en los roles de género y en las diferencias naturales entre hombres y mujeres. (Espero poder ahondar en este tema en el futuro. En pocas palabras, esa es harina de otro post. Mientras tanto, dejo este video de una campaña de 1998 que tristemente demuestra que en casi 20 años no ha habido mucho cambio).

¿Ser mujer es una desventaja en sí mismo? No, y no tendría por qué serlo. ¿Hoy por hoy ser mujer representa desventajas en el mundo? Lamentablemente sí. Para cerrar esta brecha, al igual que para solucionar cualquier problema, el primer paso es reconocer que existe. Si realmente queremos que la realidad corresponda con el papel y lograr igualdad tangible, es importante conocer cuáles son estas desventajas para poder tomar las medidas e implementar las políticas públicas necesarias para atacarlas de fondo.

Queridas y queridos antifeministas: NO es una necedad seguir luchando por los derechos de las mujeres. La desigualdad es real y NO se ha logrado lo suficiente. Insistiremos en el punto porque luchar por los derechos de las mujeres es luchar por los derechos humanos.

Medir la impunidad parte 1: la cifra negra

Por Paulina Sánchez Román.

Antes de abordar los conceptos y herramientas que nos permiten cuantificar la impunidad es fundamental definir a qué nos referimos con ese fenómeno. En un sentido amplio, el concepto impunidad se refiere a la ausencia de sanción cuando alguien comete una acción contraria a las leyes de la comunidad en la que ocurren los hechos, es decir cuando un delito queda sin consecuencias legales. Esta falta de sanción o consecuencias puede ocurrir en dos momentos:

Primero: cuando el delito no es del conocimiento de las autoridades porque nadie sabe que ocurrió –por ejemplo, el robo hormiga – o porque la víctima sencillamente decide no denunciarlo por una variedad de motivos.

Segundo: cuando las autoridades sí tienen conocimiento del hecho delictivo, pero se ven imposibilitadas por diversas causas para imponer una sanción. Son varios los motivos de impedimento y pueden ser desde la incapacidad para ubicar al responsable hasta la ineficiencia institucional para procurar justicia.

 

Imagen blog Pau 2

 

Este texto se ocupará de la cifra negra, que es como comúnmente se le llama a los delitos que no se denuncian y que quedan sub-reportados en las estadísticas oficiales. Para medir este fenómeno se prefiere sobre los registros administrativos -por su autonomía e independencia- el uso de encuestas de victimización desarrolladas por la sociedad civil. El primer ejercicio de este tipo se llevó a cabo por la oficina de Estadísticas de Justicia de EUA (1973) y ha servido como un referente para otros países como Argentina, Australia, Chile, Reino Unido y, por supuesto, México.

En México, las mediciones independientes sobre la criminalidad real y la percepción de inseguridad iniciaron en 2002 con el diseño y aplicación de la primera Encuesta Nacional sobre Inseguridad (ENSI) por parte del Instituto Ciudadano de Estudios sobre la Inseguridad (ICESI). Posteriormente, en 2011 el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) retomó los esfuerzos para estimar la incidencia delictiva y conocer las características de las víctimas y del contexto del delito con el desarrollo de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE). La ENVIPE se ha publicado de forma periódica en 2011, 2012, 2013 y 2014 y a partir de sus resultados podemos identificar que, durante el periodo 2011-2014, en promedio el 92.4% de los delitos no se denunciaron en México.

Año Delitos no denunciados Delitos denunciados
2011 91.6% 8.4%
2012 92.1% 7.9%
2013 93.8% 6.2%
2014 92.8% 7.2%

Estas cifras tan altas de delitos no denunciados tienen varias explicaciones[i] e implicaciones,[ii] sin embargo en esta ocasión únicamente se abordarán las más importantes. Entre las razones para no denunciar los delitos, el 65.6% de los encuestados señaló que se debía a causas atribuibles a la autoridad como la pérdida de tiempo (31.4%); desconfianza (21%); miedo a que los extorsionen o actitudes hostiles por parte de los funcionarios públicos. El 33.9% restante menciona como motivo de la no denuncia el temor al agresor, que el delito era de poca importancia o que no tenía pruebas de lo ocurrido.[iii] Como se puede observar en las múltiples motivaciones que incentivan la no denuncia, hay algunas que naturalmente hacen imposible que todos los delitos sean notificados. Por ejemplo, es poco probable que se denuncie cuando a alguien le roban cien pesos de una cartera, le rompen un bote de basura del condominio vecinal o le rayan la puerta de su auto. Sin embargo, en México, la magnitud de causas que tiene su origen en el desempeño de las instituciones y sus funcionarios es muy alta. Sólo para mencionar un referente, es útil señalar que según la Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana (ENUSC) la cifra negra en Chile fue de 61.4% durante 2010. El contraste con Chile y las causas atribuibles a la autoridad nos permiten dimensionar la oportunidad de mejora que tiene la justicia en México para acercar a las víctimas a los mecanismos institucionales de atención al delito.

Por su parte, una de las implicaciones más graves ocurre cuando las autoridades hablan sobre incrementos, decrementos o movimientos en el fenómeno delictivo, pues estas variaciones únicamente se refieren en promedio al 8% de los delitos reales. Igualmente, hay que tener en consideración esta proporción al evaluar el desempeño de las instituciones de seguridad, procuración e impartición de justicia pues todos sus recursos materiales, humanos y financieros se utilizan para atender a menos del 10% de los delitos realmente acontecidos en la sociedad.

Por último, vale la pena señalar que aunque la ENVIPE arroja información confiable y oportuna sobre la cifra negra y aporta elementos de análisis valiosos para comprender el fenómeno de la impunidad, también tiene algunas limitaciones. Entre ellas destacan algunas que se deben al diseño estadístico de la misma encuesta, como la falta de representación a nivel municipal y el alto margen de error que tienen las cifras que corresponden a delitos graves como las desapariciones involuntarias. Pero más allá de lo que la ENVIPE no nos dice, hay que analizar responsablemente la información que se genera sobre los motivos de la no denuncia que sí son atribuibles a las autoridades e implementar políticas públicas efectivas para verdaderamente garantizar acceso a la justicia a los ciudadanos.

 

Otras fuentes para conocer más:

National Crime Victimization Survey del National Criminal Justice Reference Service.

Manual on Victimization Surveys del United Nations Office on Drugs and Crime.

Crime Victim Surveys del United Nations Office on Drugs and Crime.

 

[i] Entre las explicaciones de la no denuncia destacan la baja confianza en las autoridades, la falta de conocimiento sobre la existencia de medios institucionales para resolver conflictos, la lejanía física de las agencias gubernamentales o incluso la carencia de funcionarios capaces de llevar un proceso judicial en una lengua indígena.

[ii] Entre las implicaciones de la no denuncia destacan la falta de información suficiente para conocer en su totalidad el fenómeno delictivo, la falta de respuesta institucional a todas las víctimas del delito y los incentivos que genera la falta de castigo en la criminalidad.

[iii] Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE) 2014. Consultada el 29 de septiembre de 2015.

 

El papel de la defensa de los acusados en el caso de Ayotzinapa

La defensa penal no es una característica estética de un proceso judicial, pues cuando es efectiva no sólo protege los derechos de los probables responsables –previniendo una injusticia- sino que aumenta el estándar de desempeño a sus contrapartes y, como sociedad, nos acerca a sentencias de calidad producto de investigaciones profesionales y confiables.

 

Colaboración de Paulina Sánchez y Alejandra Ramos para Animal Político que discute el papel que tiene la defesna de los acusados por la PGR en el caso de Ayotzinapa para cuestionar y participar en la construcción de la verdad de los hechos. La nota completa se puede leer aquí.

¿Son las elecciones por mayoría simple antidemocráticas?

Por Daniel Vázquez.

 

Las votaciones son esenciales para determinar “la voluntad del pueblo” y tomar decisiones legítimas en una democracia, ya sea para elegir representantes, leyes o sondear la opinión pública. Hay muchos aspectos importantes en unas elecciones: la transparencia, la autonomía de las instituciones electorales, los reglamentos para poder votar y ser votado, los presupuestos y logística del proceso, el número y límites de los distritos electorales, si unas elecciones coinciden con otras, así como cuál es el mejor método de votación para cada caso. En esta contribución discutiré exclusivamente uno de los métodos de votación más difundidos en el mundo: las elecciones por mayoría simple.[i]Sigue leyendo “¿Son las elecciones por mayoría simple antidemocráticas?”

El derecho a observar cómo se imparte justicia en México

Por Paulina Sánchez.

 

Durante décadas, la justicia penal en México se impartió a través de largos y complicados expedientes escritos que resultaban en procesos opacos e ininteligibles. Por ejemplo, el expediente del caso Florence Cassez se compone de 13 tomos y millares de páginas que le tomaron a Héctor de Mauleón al menos dos meses de lectura para escribir un artículo para la revista Nexos.[i] Otro caso es el del expediente penal de Raúl Salinas de Gortarí que se componía de más de 300 tomos con cientos de páginas cada uno. Podría pensarse que la relevancia de estos casos amerita ese tamaño, pero la realidad es que aún en casos sencillos y que requieren menos investigación―como cuando hay un detenido―los expedientes penales mexicanos acumulan no menos de 500 páginas cada uno. Sin embargo, no toda la información que los compone es relevante. Hasta la solicitud de una copia puede contribuir con seis páginas del expediente y así se van sumando poco a poco un montón de formalismos que sólo hacen más difícil conocer el fondo de los asuntos. Sigue leyendo “El derecho a observar cómo se imparte justicia en México”

Colaboración en proyecto para UNESCO

El pasado junio, la UNESCO publicó el reporte titulado ‘Countering Online Hate Speech’ en el que colaboró Gabriela Martínez Sainz, investigadora del CEDH Mx. El reporte tiene como objetivo poner en perspectiva las dinámicas que caracterizan los discursos de odio en línea, analizar algunas medidas que se han adoptado para contrarrestarlo, e identificar prácticas exitosas a nivel local y mundial. Este reporte ofrece un análisis exhaustivo de los marcos normativos tanto internacionales, regionales y nacionales que hacen frente a los discursos de odio en línea y discute las implicaicones que tienen para la libertad de expresión. Los autores de la publicación enfatizan la importancia de los mecanismos sociales y no reglamentarios para contrarrestar y mitigar la producción, difusión y el impacto de los discursos de odio en línea.

Esta publicación es parte de la serie que publica la UNESCO sobre Libertad en Internet y fue presentado durante la conferencia ‘Jóvenes y el internet. Combatiendo la radicalización y el extremismo’ que se llevó a cabo en Paris el 16 y 17 de Junio 2015.

El reporte en inglés puede descargarse de manera gratuita

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Autores: Iginio GagliardoneDaint GalThiago Alves y Gabriela Martínez

Año: 2015

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