Por Jimena Monjarás.

“No necesito al feminismo porque no creo que ser mujer sea una desventaja”, dice el cartel que sostiene una joven en sólo uno de los miles de posts subidos al blog Women against feminism. El objetivo de este blog es demostrarle a las feministas–como la que aquí escribe–que hoy en día la lucha por los derechos de las mujeres es una necedad, pues en este mundo moderno ya no existen represión ni desigualdad. Que las feministas son misántropas enojadas con la vida que pretenden victimizar a la mujer cuando la realidad es que ya se ha conquistado suficiente.

Si bien es cierto que la presunción en la mayoría de los países desarrollados es que hombres y mujeres tienen los mismos derechos fundamentales, la realidad es que, aún en estos países, existen muchas barreras, tanto estructurales como culturales, que limitan la plena participación de las mujeres en todo tipo de actividades. Es decir, ser mujer hoy sí representa ciertas desventajas. Por supuesto que se ha avanzado, pero estamos lejos, muy lejos de hablar de plenitud de derechos e igualdad.

De acuerdo con el estudio Women, Business and the Law 2016 publicado por el Banco Mundial, únicamente en 18 de 173 países analizados no hay diferencias legales entre hombres y mujeres en cuanto a las actividades económicas, políticas y sociales que cada quien puede desempeñar (Francia, Alemania y Estados Unidos, por ejemplo, no forman parte de estos 18 países). Peor aún, hay 32 países en los que por ley una mujer casada no puede tramitar un pasaporte, entre ellos Belice; 30 países en los que no existe la figura de jefa de familia, entre ellos Chile; 22 países en los que las mujeres no pueden conferir ciudadanía a sus hijos, entre ellos las Bahamas; 18 países en los que las mujeres casadas no pueden obtener un trabajo sin permiso de sus esposos, entre ellos Bolivia.

Llama la atención el caso de Latinoamérica, y en particular de México, pues de acuerdo con este estudio, Latinoamérica es una de las regiones en las que existen más leyes que protegen la vida de las mujeres y que menos limitan su participación. México es una de las únicas 18 economías a nivel mundial en las que, por ley, las mujeres pueden participar tan activamente en la vida económica del país como los hombres. Existen leyes que protegen a las mujeres de la violencia doméstica y hay programas especiales para mejorar sus condiciones de salud; se incentiva su participación en la vida política y se busca elevar su nivel educativo. Sin embargo, la realidad dista mucho de la igualdad descrita en el papel.

Si México es perfecto en la teoría y las mujeres no tienen barreras legales para participar en la vida económica, ¿por qué en la lista de los 100 Empresarios más importantes de México que publica la revista CNN Expansión sólo hay dos mujeres? Si uno de los temas prioritarios para el gobierno federal es, según sus funcionarios, el empoderamiento de las mujeres y la equidad de género, ¿por qué en el gabinete sólo hay cuatro mujeres y sólo un estado tiene por gobernadora a una mujer? Si la ley garantiza protección contra la violencia doméstica, ¿por qué el 66% de las mujeres reporta haber sufrido violencia psicológica, económica, sexual y/o física por parte de sus parejas?

Es cierto que parte de la explicación es la impunidad reinante en el país (es decir, no son sólo estas leyes las que no se cumplen). Pero también –y me atrevería a afirmar que en mayor grado– la enorme brecha entre hombres y mujeres en México es reflejo de una cultura que asume que los derechos, capacidades y potencialidades de las mujeres son distintas a las de los hombres.

Los estereotipos sobre las actividades que le corresponden a cada uno generan patrones sociales que perpetúan modelos de coacción y violencia de distintos tipos contra las mujeres, violencia que va desde las micro-agresiones hasta los feminicidios. Son desigualdades arraigadas en la manera en la que pensamos en los roles de género y en las diferencias naturales entre hombres y mujeres. (Espero poder ahondar en este tema en el futuro. En pocas palabras, esa es harina de otro post. Mientras tanto, dejo este video de una campaña de 1998 que tristemente demuestra que en casi 20 años no ha habido mucho cambio).

¿Ser mujer es una desventaja en sí mismo? No, y no tendría por qué serlo. ¿Hoy por hoy ser mujer representa desventajas en el mundo? Lamentablemente sí. Para cerrar esta brecha, al igual que para solucionar cualquier problema, el primer paso es reconocer que existe. Si realmente queremos que la realidad corresponda con el papel y lograr igualdad tangible, es importante conocer cuáles son estas desventajas para poder tomar las medidas e implementar las políticas públicas necesarias para atacarlas de fondo.

Queridas y queridos antifeministas: NO es una necedad seguir luchando por los derechos de las mujeres. La desigualdad es real y NO se ha logrado lo suficiente. Insistiremos en el punto porque luchar por los derechos de las mujeres es luchar por los derechos humanos.

2 Thoughts on “Reconocer la desigualdad es el primer paso para corregirla”

  • El movimiento feminista ha impulsado la superación de la mujer, sobre todo en el acceso a la educación ;

    la lucha debe enfocarse a satisfacer las necesidades específicas de muchas mujeres, que desean reconocimiento social y económico de su trabajo como madres y jefas de familia
    ;
    La lucha por la igualdad, ha perjudicado a muchas mujeres, al hacer invisible su aportación insustituible e invaluable en la sociedad.

    Esto si que sería una verdadera REVOLUCIÓN

    El feminismo ha permitido a algunas mujeres escalar altos puestos, pero a costa de sacrificar la maternidad y la vida familiar. ¿Porqué??

  • En respuesta al comentario anterior, me parece problemático considerar que el feminismo ayuda a ‘la superación’ de la mujer, promoviendo acceso a la educación y oportunidades laborales pero al mismo tiempo es culpable de obstaculizar la vida familiar o la maternidad. El feminismo ayuda por un lado a denunciar la falta de equidad y, por el otro, a cambiar las estructuras sociales que limitan el acceso a las mismas oportunidades y la capacidad de decisión de las mujeres. Pensar que el feminismo es el culpable de hacer incompatible la vida familiar con la vida profesional de muchas mujeres es equivalente a culpar al medio que denuncia la falta de oportunidades en lugar de culpar a las estructuras que mantienen la desigualdad de circunstancias. Se ganaría mucho más si, como sugiere el artículo, en lugar de condenar al feminismo como un movimiento de mujeres que pretenden victimizar a la mujer y obligarla a sacrificar su vida familiar se entendiera que el objetivo es luchar por los derechos de las mujeres. Estos derechos incluyen el derecho a una vida familiar, a elegir de manera libre si tener o no tener hijos, derecho a trabajar en cualquier área y ramo que desee recibiendo una remuneración justa y la misma cantidad que un hombre por trabajos iguales, etc. El feminismo no es el enemigo, la desigualdad lo es.

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