Por Daniel Vázquez.

 

Las votaciones son esenciales para determinar “la voluntad del pueblo” y tomar decisiones legítimas en una democracia, ya sea para elegir representantes, leyes o sondear la opinión pública. Hay muchos aspectos importantes en unas elecciones: la transparencia, la autonomía de las instituciones electorales, los reglamentos para poder votar y ser votado, los presupuestos y logística del proceso, el número y límites de los distritos electorales, si unas elecciones coinciden con otras, así como cuál es el mejor método de votación para cada caso. En esta contribución discutiré exclusivamente uno de los métodos de votación más difundidos en el mundo: las elecciones por mayoría simple.[i]

Primero, quizá, hace falta explicar qué es un método de votación y por qué son importantes. En breve, se puede decir que un método de votación es el conjunto de reglas que se siguen para combinar las opiniones individuales de los miembros de un grupo de manera que se refleje “la voluntad del grupo” de la mejor manera.

Sin embargo, hay muchos métodos de votación y dependiendo de cuál se use, el resultado de la elección se puede ver alterado aunque el conteo de votos individuales no cambie. Esto es, por supuesto, muy grave y problemático. Por esta razón, elegir el sistema de votación es una de las decisiones más importantes en el diseño de cualquier institución democrática.

El método de elección por mayoría simple es sencillo y se usa normalmente para elecciones en donde cada individuo tiene un voto y se desea elegir a un solo ganador. La regla es muy simple: el candidato u opción que obtiene más votos gana la elección.[ii]

Un ejemplo claro de cómo funcionan las votaciones por mayoría simple son las elecciones presidenciales en México. En las últimas elecciones en julio de 2012 los resultados fueron los siguientes:

Candidatos Votos Porcentaje
Enrique Peña Nieto (EPN) 19,226,784 38.21%
Andrés Manuel López Obrador (AMLO) 15,896,999 31.59%
Josefina Vázquez Mota (JVM) 12,786,647 25.41%
Gabriel Quadri de la Torre (GQT) 1,150,662 2.29%
 

* En total participaron 50,323,153 personas (el 63.34%) de una lista nominal de 79,454,802. El total del padrón electoral fue de 84,464,713.

Fuente: Instituto Nacional Electoral, México.

De acuerdo a la regla de mayoría simple, es evidente que el ganador indiscutible es EPN con un total de 19,226,784 de votos, que representa el 38.21% de los votos emitidos. Asumiendo la veracidad de los resultados, no se puede decir que la elección estuvo cerrada (como sí lo fue la elección presidencial de 2006). EPN ganó por más de seis puntos porcentuales (3,329,785 votos).

Sin embargo, hay datos preocupantes que ilustran algunos de los problemas que subyacen en cualquier elección por mayoría simple. De acuerdo a estos mismos resultados, el 59.29% de los ciudadanos que votaron preferían a un candidato diferente (29,834,308 votos). Peor aún, si tomamos en cuenta el total de las personas que podían votar (la llamada lista nominal), sólo el 24.2% votó por EPN y 75.8% decidió no votar por EPN. Elegir a un candidato con menos de un cuarto del apoyo popular no parece respetar la voluntad el pueblo sino más bien, otorga el poder a la minoría más numerosa en un padrón electoral bastante dividido. Si se toma en cuenta a todas las personas que tenían edad de votar al momento de las elecciones (el padrón electoral) los porcentajes son aún peores (sólo 22.78% votó por EPN). ¿Por qué entonces el método de mayoría simple está tan difundido en el mundo? ¿No existen métodos de votación más democráticos?

La respuesta es obvia. El diseño de un sistema electoral no sólo toma en cuenta la capacidad de las elecciones para reflejar la voluntad del pueblo. Otros factores son, por ejemplo, la futura gobernabilidad, la estabilidad del sistema político, la existencia de opciones políticas, el contexto histórico y la eficiencia con la que se pueden realizar las elecciones. Sin embargo, si se ponen estos factores por encima de la capacidad democrática del sistema, se pone en riesgo la legitimidad del proceso. El cómo se logra un equilibrio puede ser distinto en cada caso, pero si se tienen aspiraciones democráticas, el sistema tiene que respetar la voluntad del pueblo lo mejor posible, y si existen mejores métodos de votación que los que las circunstancias permiten, se debe tener un plan para avanzar hacia un sistema más democrático en el futuro.

Tomando todos estos factores, se puede ver que las elecciones por mayoría simple tienen algunas ventajas. Son sencillas, rápidas y más económicas que muchas de sus alternativas. Por otro lado, no siempre los resultados son problemáticos. Aunque el método establezca la mayoría simple como criterio mínimo para decidir la elección, en muchas ocasiones los vencedores obtienen una mayoría absoluta (50% más un voto), dejando claro que tienen el respaldo de la mayoría de los ciudadanos que deciden ejercer su voto. Sin embargo, el principal motivo por el que la mayoría simple es tan popular es su conveniencia política. Con este sistema, muchos partidos políticos pueden representar los intereses de facciones de la sociedad o de ideologías inmutables, sin la necesidad de buscar el bien común ni escuchar los argumentos de los demás. Los políticos, entonces, tienen pocos incentivos para cambiar este método de votación porque les permite ser perezosos, necios e ineficaces en su trabajo.

Las desventajas de este método de votación son muchas. Aquí, sin embargo, sólo voy a mencionar las principales razones por las que la mayoría simple fracasa como método democrático. En primer lugar, como con el ejemplo de las elecciones presidenciales en México, si el electorado está muy dividido, la minoría más numerosa gana la elección aunque la mayoría preferiría otra cosa. Por otro lado, se ha argumentado que con el tiempo este método tiende a reducir las opciones electorales, dejando sin verdadera voz ni representación a muchas secciones de la sociedad y desalentando las candidaturas independientes y los nuevos partidos (Cuando sólo hay dos o tres partidos que pueden ganar las elecciones de un país de millones de personas, ¿quién se siente realmente representado?). En breve, es un método que desalienta la propuesta de nuevas ideas y favorece las prácticas y actores ya establecidos. Esto está conectado con otro problema. Este método incita el voto estratégico porque presiona a los ciudadanos a no votar por la opción de su preferencia sino sólo por alguno de los candidatos que podría ganar la elección. Además, es un método que ignora e incluso vilifica la abstención y los votos nulos cuando son una decisión política válida y valiosa, sobretodo si muchos de los intereses de los ciudadanos no están representados la boleta electoral.

En ocasiones se piensa que la mejor alternativa al método de mayoría simple es una votación que permite las segundas vueltas. Yo no estoy convencido de ello. Discutiré los problemas de estos métodos de votación en otro momento. Por ahora, me basta con hacer la siguiente pregunta: ¿Es un deber democrático erradicar el uso del método de votación por mayoría simple en cualquier democracia en la que se siga utilizando? A mi, por lo pronto, me parece que sí.

Esta contribución es parte del proyecto “Democracia y Derechos Humanos.”

INFO Daniel Elecciones por mayoría simple

 

 

[i] El método de votación por mayoría simple, también conocido como mayoría relativa, se utilizan en Reino Unido, EUA, Canadá, Pakistán, India, México, Honduras, Panamá, Paraguay, Puerto Rico y Venezuela. Véase Shugart (2007, p. 180). Para una definición formal de este método véase Barberá (1977, p. 247).

[ii] Algunos países han introducido reglas adicionales, a estos métodos se les conoce como mayorías relativas calificadas. Una de las variantes más comunes es requerir que el ganador de la elección obtenga por lo menos el 40% de los votos de la elección. En otros casos también se requiere que el ganador obtenga la victoria por una diferencia de 5% o 10% frente al segundo lugar. Para una definición formal del método por mayoría simple véase Barberá (1977, p. 247).